Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú
La líder de Fuerza Popular juró el cargo para el período 2026-2031, convirtiéndose en la primera mujer en llegar al poder por voto popular en el país.
Un cuarto intento que culmina en la cima del poder
La ahora mandataria de 51 años inició su gestión este 28 de julio con una ceremonia cargada de simbolismo. «Yo, Keiko Sofía Fujimori Higuchi, juro por Dios, por la patria y sobre estos santos evangelios que ejerceré fielmente el cargo de presidenta de la República», declaró ante el Congreso, recibiendo finalmente la banda presidencial que se le había negado en tres ocasiones anteriores .
La investidura contó con una presencia diplomática de primer nivel, incluyendo a los mandatarios de Chile, José Antonio Kast; Argentina, Javier Milei; y Ecuador, Daniel Noboa, así como el rey Felipe VI de España, lo que refleja la importancia geopolítica que se le otorga al nuevo gobierno peruano .
El legado paterno y la sombra del autoritarismo
El pasado de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), fallecido en 2024, planea sobre su gobierno. Mientras algunos sectores rescatan su lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso, la oposición y organizaciones de derechos humanos advierten sobre un posible retorno a prácticas autoritarias .
Durante la campaña, su promesa de mano dura y la propuesta de retirar a Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos generaron alertas entre los demócratas, que temen un recrudecimiento en la protección de garantías fundamentales .
El desafío de la seguridad y la delincuencia
El principal desafío de la nueva administración es la creciente ola de violencia. Fujimori ha recibido un país donde los homicidios pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025, y las denuncias por extorsión crecieron exponencialmente .
«Vamos a recuperar cada barrio, cada carretera y cada espacio público para las familias peruanas», prometió la presidenta. Para ello, anunció una estrategia sin precedentes: «Las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en coordinación con la Policía Nacional» .
Este enfoque militarizado, que retoma las tácticas usadas contra la subversión en los años 90, incluye la construcción de una cárcel de máxima seguridad similar a la de El Salvador y la implementación de jueces sin rostro .
La tormenta perfecta: Crisis fiscal y El Niño
Más allá de la seguridad, la jefa de Estado deberá navegar en un mar de dificultades económicas. Aunque la macroeconomía peruana mantiene cierta estabilidad, el país arrastra un «grave desorden fiscal» .
El Congreso saliente dejó un paquete de leyes que incrementa el gasto público en cerca de 10.700 millones de dólares. Este exceso, sumado a la alta informalidad y una pobreza del 25,7%, pone en jaque la promesa de la mandataria de crecer al 3,2% anual .
La naturaleza no dará tregua. Los pronósticos advierten de un fenómeno de El Niño de intensidad extraordinaria para finales de año. Con poco tiempo para ejecutar obras de prevención, la nueva presidenta deberá gestionar una emergencia que podría devastar la agricultura y la pesca, sectores clave de la economía peruana .
¿Reconciliación o profundización de la polarización?
Con una ventaja de menos de 50.000 votos, el país se encuentra profundamente dividido. Mientras en Lima obtuvo el 65% de los votos, en regiones del sur apenas alcanzó el 13% .
La presidenta ha hecho un llamado a la unidad: «Quiero hablar a quienes no votaron por mí. Les prometo que pondremos el Estado al servicio de la población», declaró recientemente . Sin embargo, la oposición y los familiares de las víctimas de las protestas de 2022 y 2023 han anunciado que no le darán tregua, exigiendo justicia y derogación de leyes que consideran favorecen la impunidad .
Fujimori inicia su mandato con una ventaja política inédita: control sobre el nuevo Senado y el sistema de justicia, lo que le garantiza estabilidad en un país que ha visto desfilar a ocho presidentes en diez años . Sin embargo, la historia de Perú muestra que el poder sin legitimidad puede ser un arma de doble filo. El reto para la primera presidenta electa por voto popular no será solo administrar el Estado, sino reconciliar a una nación fracturada.

